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Lo más importante de un Sistema de Información Geográfica es el conjunto de datos almacenados. Al introducir los datos en un SIG (o GIS en su acrónimo inglés), los georreferenciamos, es decir, asignamos a un elemento espacial, por ejemplo un punto, una posición determinada de acuerdo a algún sistema de coordenadas conocido. Dependiendo del software, podremos elegir entre los que nos ofrezcan.

El SIG guarda la información en diferentes capas temáticas y las almacena independientemente, permitiendo trabajar con ellas de manera rápida y sencilla, y facilitando al profesional la posibilidad de relacionar la información existente a través de la topología de los objetos, con el fin de generar otra nueva que sería costoso calcular a mano o incluso no podríamos obtenerla de otra forma.
Además, el SIG funciona como una base de datos y seleccionando cada objeto podemos acceder a una serie de datos organizados en tablas, que podemos analizar, manipular y desplegar en todas sus formas.
La información puede ser almacenada en formato raster o vectorial. El modelo raster o de retícula divide el espacio en celdas regulares donde cada una de ellas representa un único valor. Cuanto mayores sean las dimensiones de las celdas (resolución) menor es el detalle en la representación del espacio geográfico. El modelo vectorial centra el interés de las representaciones en la precisión de localización de los elementos sobre el espacio. Este último es el modelo más popular del mercado.
Las posibilidades del SIG son casi ilimitadas. Dudo mucho que un solo grupo de investigación consiga sacarle el máximo partido.